DANIEL MELINGO

Buenos Aires o cualquier ciudad del mundo. Daniel Melingo está en una sala de ensa-yo. Los músicos que lo acompañan se han ido., extenuados El músico instrumentista lleva horas ejecutando todos los instrumentos, que para él son extensiones de su cuer-po. El piano, la batería, la guitarra, el bajo, el xilofón, el saxo, el buzuki. Dirige una orquesta integrada por él mismo. Como si buscara la fórmula secreta en su laboratorio en lo que cada sonido-aunque no sea instrumental, se transforma por alquimia en una melodía. Lo invade una imagen del pasado. Es un niño y está en un sótano familiar, leyendo “El color que cayó del cielo”, de Lovecraft, uno de sus autores favoritos. De pronto, mientras lee el relato de ese color venido de una entidad del espacio exterior, color que no se corresponde con ninguno del espectro visible conocido por los hu-manos, la luz se corta en todo el barrio ¿Eso le transmitió un conomiento luminoso pero prohibido, sólo dado a él? El pensamiento pasa fugaz. Casi sin fuerzas, como si la música -que es infinita y quisiera llevarlo con él- toca la trompeta y se desploma en un sillón. A medida que el sonido se va a pagando, es como si entráramos por el agujero negro del instrumento como un túnel al interior del músico.

Recorremos su cuerpo, sus fibras, sus vasos saguíneos, sus latidos -también melodio-sos-, hasta llegar a su mente. Allí se dibuja un sueño fragmentado. Melingo toca el buzuki en una isla lejana, una mujer de negro lo escucha. Estamos en su interior. Como abducidos por su secreto indecible o experimento cósmico.

Pero no podemos oír su melodía, que sólo se ofrenda a él. Desde adentro vemos una luz: son sus ojos que se abren. Se levanta, corre y sale a la calle. Ha soñado una melodía jamás escuchada, jamás inventada. Y se pierde en la calle y esa música resuena en su cabeza como un estribillo mental.

¿Puede un sueño llevar al origen del soñador? Melingo no dice a nadie qué sonido soñó. Pero el origen fue ese, como el de la cons-trucción de un mundo insondable donde lo remoto es lo inmediato, lo eterno es lo efímero, el pasado es el presente, y lo infinito, finito.

No sabe si el sonido vino del pasado o del futuro. Investiga sobre el origen de ese sonido. Descubre, como un entomólogo de los miste-rios, que existe a onirocrisia, el arte de explicar los sueños. Sólo se analizaban los sueños alegóricos, imágenes simbólicas que requerían la correcta interpretación. Además se recurría a jeroglíficos. El que develaba los sueños era llamado el onirócrata. Uno de los más legendarios, refiere la leyenda, se llamaba Daniel, como él. Encuentra más señales. Ante un viejo oráculo interpreta en una frase el origen del sueño: el adivino hablade “mujeres que bailan dislocadas en un amanecer griego”. La búsqueda sigue. Hasta que una familiar lejana aparece como una epifanía y revela que el primer Melingo que existió sobre la tierra se llamó Christo Melingo y vivía en la Isla griega de Zakynthos, que aparece en un fragmento de la Odisea.

“El final de una canción tiene que llamar a la otra, tienen que quedar bien el final de una con el comienzo de la que sigue. Todo es circular. Es la secuencia atmosférica, orquestal, con climas espectrales. El diamante se pule con saliva”. Daniel Melingo

EL ORIGEN DE UNA MELODÍA
Es ahí cuando Melingo revela que soñó con una melodía griega. Un estribillo mental que lo impulsa a seguir un viaje en busca de sus ancestros. Su origen: el lugar de donde partió. La música, cuando era escuchada por otros, se mantenían en vela, como si hubiese algo extraño que los fascinaba. El resto es pura imaginación. Y reaparece la imagen del Linyera, su alter ego.
Hasta los más eruditos de aquel arte, estaban convencidos de que ninguna de sus armonías tenía nada que ver con la música que habían oído hasta entonces. Cuanto más se escuchaba, más atraía esa melodía que sólo puede reproducir el Linyera, como atrapada en los recovecos de su mente. Sus vibraciones no guardaban semejanza alguna con nada de este mundo. Como una babel de música. Sin abismos. Sólo espejismos o espectros que en vez de dañar, salvan.

Bosquejado por el álbum Corazón y hueso en 2011, tomó más forma en Linyera, en 2014, luego reaparece en Anda en 2016, y regresa en Oasis hoy. A través de un viaje imaginado (¿o vivido y documentado por los por Melingo es una ópera coral que sigue a un personaje llamado Linyera, el vagabundo celestial -con pasado desconocido, bohemio, bondadoso y enigmático que escapó de un cuento alucinado (¿por los tripulantes del futuro que siguen su rastro inasible?)

El presente es el recuerdo que el futuro tiene del pasado. Este Oasis, el último acto de la trilogía, es una búsqueda iniciática que explora los orígenes helénicos de Melingo: su abuelo es un “turco”, como se les llama en Argentina. Y solo hay un paso desde el tango hasta el rebétiko, esta música de los convictos y fumadores del hachís nacido en el puerto de Constantinopla europea, que es Thessaloniki. Esta canción de los excluidos, que tuvo su apogeo después de la Segunda Guerra Mundial y hasta los años 70, aparece como un espejo mediterráneo del tango, que se dirimía entre guapos de arrabal, a cuchillazos, o era bailado entre hombres y luego entre hombres y mujeres. Esos guapos, como los rebets, eran marginados y muchos de ellos debían más de una muerte. En Francia, los vagabundos fueron retratados magistralmente por Víctor Hugo, en sus historias de alcantarillas o ladrones de panes.

PERSONAJES MÍTICOS Y ACENTOS SURREALISTAS
El libreto sigue las aventuras y reencarnaciones de Linyera, pero también cuenta una historia que mezcla narrador de buena aventura, proxenetas más o menos entrañables, humanos se convierten en perros mortales, seres que conviven en un mismo cuerpo pero se desdoblan en malevos y chamanas, bailarinas silenciosas, rastreadores de tigres, mercenarios sentimentales, un bandido con cabeza de toro, encarcelado, que vivió siete vidas y solo puede ser liberado por el sucesor de sangre del ancestro que asesinó, un viejo oráculo que recita y predice, y una anfitriona fascinante que toma la figura de Hécate, la diosa griega de las antorchas y las fieras devoradoras.

FORMATO DE FUNDICIÓN A MEDIDA
Los textos de estas canciones de los poseídos y de estas extrañas oraciones de prisiones con las barras en cuerdas de instrumentos musicales, fueron elaborados por Melingo en colaboración con otros autores. Primero el escritor y periodista Rodolfo Palacios, luego
sus fieles amigos: el gran poeta octogenario Luis Alposta, por supuesto, pero también María Celeste Torre y Andre Calamaro. En cuanto a los personajes, “Teodoro El Malevo” es interpretado por Fernando Noy, el famoso agitador de la escena underground de los 80, autor, actor, cantante y dramaturgo. El proxeman, Cafishio Cocoliche es, él, interpretado por el cantante italiano Vinicio Capossela, que conoce un tema hablado Rebetiko, por haber cometido un disco rebetiko Gymnastias en 2012. Transcribió algunos textos de rebetiko antiguo del griego al Italiano, que Melingo tradujo del italiano al castellano.

Sabíamos que Daniel Melingo es un maestro del vértigo, un equilibrista sin temor al vacío, que se reinventa. Que pasó por los género más disímiles: rock, pop, reggae, tango, música rebética. Firma allí, gracias en particular a este casting excepcional, un objeto visionario y conceptual, pero muy encarnado y siempre sorprendente. Un objeto fuera de formato, como el preámbulo, la banda sonora alucinante, manifiesta todas las texturas que siguen. Un hacedor de música. La música que cobra cuerpo.

DISCOGRAFÍA
1982-1995
Los Abuelos de la Nada
(álbum) (1982),
con Los Abuelos de la Nada
Vasos y besos (1983),
con Los Abuelos de la Nada
Los Abuelos en el Opera (1985),
con Los Abuelos de la Nada
Piano bar (1984),
con Charly García’s group
La dicha en movimiento (1983),
con Los Twist
Cachetazo al vicio (1984),
with Los Twist
La máquina del tiempo (1985),
con Los Twist
Lions in love (1992),
con Lions in Love
Psicofonías (1994),
con Lions in Love
H2O (1995), como solista

Desde 1998 (solo carrera)
Tangos bajos (1998)
Ufa (2001)
Santa milonga (2004)
Maldito tango (2007)
Corazón & Hueso (2011)
Linyera (2014)
Anda (2016)
Oasis (2019)
Melingo “Oasis”, 2019, Buda musique.

 

 

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